PELICULITA: SUSPENSO

El fin de semana largo de Pascuas me fuí con mis chicas a Buenos Aires. Y debo confesar que cada vez que voy ingreso a una especie de realidad paralela. Ya me pasó cuando estuve casi dos semanas en marzo editando y me pasaba constantemente durante los 8 años que viví en la gran ciudad. Veo cosas: imágenes, flashes, pequeñas historias contadas por gente común frente a mis ojos. Una vez, por ejemplo, ví en el tren como una señora muy fea, sentada al lado de una ventanilla, sacó su kit de maquillaje y al terminar los quince minutos del viaje, se había convertido en alguien completamente distinto. Además, hay que tener en cuenta que hizo todo su proceso de embellecimiento con el vagón repleto de gente.
Bueno, en mi último viaje pasó algo parecido. Esto de vivir un cortometraje en vivo y en directo. Pero esta vez con alguien muy cercano a mí. Ya me lo veía venir, no sé explicarlo. Pero Merce, mi hija de 3 años, se estaba perfilando para el porrazo descomunal: estábamos todos en la cocina, charlando, justo en esas charlas que se dan pocas veces allá y que se estaba poniendo interesante. Justo el momento en que te olvidás de tus hijas. Pero las escuchás fuera de cuadro, sus vocecitas, sus despelotes. De repente un golpe seco y un grito. Así de sopetón, sin previo aviso. Y todo empieza a moverse en cámara lenta y con colores sepiados. Yo me quedé inmóvil. Todos corrieron fuera del cuarto y volvieron con Merce. La nariz cortada, el llanto descontrolado. Se trepó al respaldo de un sillón de algarrobo y se le vino encima.
Después, clínica, sórdido lugar, vacío un sábado a la noche, una larga espera, dos puntos en la nariz y una pequeña fisura en su tabique de dos centímetros.
Si hubiera querido ficcionalizar algo como esto, tan cotidiano pero tan inesperado, no hubiera podido.

Comentarios

Anónimo dijo…
esta tan bien contado que al leerlo se me pone otra vez la piel de gallina! fue feo....

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